publicidad

miércoles, 2 de febrero de 2011

Astrid: Una tarde cualquier [Capitulo III, primera parte]

Las siete en punto de la mañana, sus ojos se abrieron. Le era inevitable despertar a esa hora día tras día, como si se hubiese tragado un puto reloj despertador con esa hora marcada. Miró a su lado y parodiando a Augusto Monterroso murmuró: Cuando despertó, la mujer seguía allí.

Las líneas de sus pronunciadas curvas le enloquecían. Detestaba a las mujeres de líneas rectas talla cero. Las encontraba poco femeninas. Para él una mujer bella, físicamente, debía tener formas redondas; No parecer una tabla de planchar. El culo de Astrid le parecía perfecto en forma y tamaño; Las nalgas creaban una línea gruesa y pronunciada que reclamaban la atención de la mirada de Sebastián. No pudo resistir la tentación de tocar, apenas un roce imperceptible con las puntas de sus dedos como si se tratase de una figura de arena sensible al tacto.

Los dedos ascendieron por la espalda usando como vía la línea de la columna. Al llegar al cuello apartó el cabello con delicadeza — Raúl…— Sebastián apartó la mano. Una palabra dicha entre sueños puede ser muy comprometedora y causar muchas reacciones. Le picó, no lo podía negar, pero también lo entendió. No sabía quien coño era Raúl, pero podía imaginárselo.

Se puso de pie y salió desnudo de la habitación. Si la situación hubiese sido a la inversa, es muy probable que él hubiese dicho otro nombre en vez de Astrid. No tenía nada que reclamar, lo sabía, pero aún así le dolía. Podía ser muy analítico, además poseía una habilidad increíble para meterse en la piel de otras personas y valorar sus acciones de manera más objetivas. Era la segunda vez que estaban juntos y apenas se conocían. Ella no le debía nada a él. Claro que lo entendía ¿pero por que cojones estaba tan cabreado entonces?

Se sentó frente al televisor un una botella de yogur en la mano. Ese día pasaban la Formula 1 muy temprano. Estrenaban el circuito de Corea. La F1 era una pasión recién descubierta por Sebastián, la comenzó a ver más por tener tema de conversación con uno de sus principales clientes, pero al final terminó enganchado.

El teléfono sonó — ¿Sí?... ¡anda, pero si es mí inquilina favorita!... Ya me suponía que no ibas a venir hoy…no, no puedo buscarte mañana a esa hora, tengo reunión… ¿para qué se compró un coche Atenea? Que te traiga ella…Vale…de acuerdo. Besos— volvió a prestar atención al televisor. Esa carrera le interesaba mucho, hizo una apuesta a ciegas por uno de los pilotos. A ciegas porque no habían estadísticas sobre ese circuito, lo cual lo hacia todo más emocionante.

Escuchó el grifo del baño. Astrid había despertado ya. Minutos después la vio entrar al salón sólo con la camisa y las bragas puestas, para él eso era jodidamente sexy, y su polla dio fe ello.

— Dile a esa cosa que se calme un poco.

— Esta cosa tiene conciencia propia. No le mando, más bien le sugiero.

— Pues sugiérele que se calme un poco, al menos por las próximas 15 horas, mínimo.

— Veré que se puede hacer al respecto, pero no prometo nada. Es muy cabezón.

—No tienes que jurarlo, cierta parte de mi cuerpo ya lo sabe.

Astrid se sentó en el sofá, un poco apartada de Sebastián a modo de broma y mirando con temor fingido su polla. — Vamos que anoche no te quejaste hipócrita. Bueno, si te quejaste, pero eso entra en otro contexto— y las risas comenzaron…

Le agradaba verla reír, tenía una risa preciosa. Los hoyuelos de las mejillas la hacían ver casi infantil. En su mente estaba la clara idea de que quería entablar una relación con ella, pero ahora el nombre de Raúl flotaba entre los pensamientos, y le irritaba. Un poco de competencia le vendría bien. Desde de que se divorció no había tenido ningún reto en el área sentimental, era hora de ejercitar los músculos mentales encargados de las relaciones de pareja.

— Me tengo que ir ya.

— ¿Por qué? ¿Tienes algo que hacer?

— Pues no, pero…

— Pásate el día conmigo. No quiero que te… ¿Puedes quedarte?— Astrid quedó en silencio. Sebastián ya intuía un no por respuesta.

— Vale, me quedo ¿Qué haremos?— Sebastián contuvo una sonrisa de alegría y victoria.

— Por lo pronto, terminar de ver la carrera, le quedan como diez vueltas y si sigue así, habré ganado una apuesta que iremos a cobrar de inmediato. Luego ya improvisaremos.

El resultado de la carrera fue satisfactorio para Sebastián. De inmediato tomó el teléfono — ¡Redbull te da alas! Lastima que Vettel y Webber usaban gasolina…Sí, lo sé…sí soy un cabrón, mi madre me decía lo mismo cuando era niño. ¿Dónde estás? …Quiero mi dinero o te rompo las piernas italiano de mierda… vale, vale…nos vemos en una rato— Astrid no sabía muy bien que pensar — No te preocupes, no le romperé las piernas…eso creo.


Hora y media después estaban entrando a un restaurante. Sebastián saludó a los camareros, quienes rápidamente le prepararon una mesa. Astrid conocía el lugar, pero nunca había estado allí, una vez Raul intentó hacer una reserva, pero le dijeron que había una lista de espera de ocho meses.
— ¿Te apetece comer algo?— Preguntó Sebastián mientras un camarero descorchaba una botella de Pingus Doble Magnum cosecha de 2006. En verdad Astrid no tenía hambre, pero un vino de cuatro mil euros la botella era capaz abrir el apetito de una roca. Siguieron las recomendaciones del camarero, quien se marchó velozmente para cumplir el pedido.

Astrid intentaba no parecer impresionada, más por el hecho de que Sebastián no tenía esa intención. Pero imposible no impresionarse cuando a tu lado están comiendo los actores principales del último taquillazo del año. El camarero llegó con los platos, carne para él, ensalada para ella.

—Espero te atragantes con la carne, negro de mierda— Un hombre de unos cuarenta años y con remarcado acento italiano. Sebastián sonrió mientras le daba un fraternal abrazo al hombre, quien vestía ropa de chef.

— Astrid, este italiano de mierda es Giole. Giole, ella es Astrid.

—Mucho gusto. ¿Cómo es posible que una figone como tú esté con este buttafuori?— Aunque no lo entendió del todo, Astrid supuso el significado de la pregunta. Qué se le responde a uno de los cocineros más famosos del continente cuando te pregunta algo así.

— Porque es lindo.

— ¡Anda! nos ha salido mentirosa la figone. — Espetó Giole.

Los tres rieron como amigos. La tarde fue agradable, muy agradable.

4 comentarios:

  1. amOo tus relatos sOn muy interesantes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esta muy interesante la serie. En algun momento de la serie seria interesante que Sebastian le desvirgase el culo y ella se volviera adicta a ser cogida por el culo por Sebastian, y que el la valla llevando poco a poco al mundo del sexo salvaje y desemfrenado.

      Eliminar
  2. Esta excelente el relato, te felicito, lo de la sugerencia del sexo anal, me aprece bastante acertada y con algo de BDSM sería genial, incluso el que interactuaran con otros parejas, sin embargo lo que mas me agrada es el detalle a las situaciones ajenas al sexo. Excelente sigue asi.

    ResponderEliminar